Mundial y meteduras de pata 2.0

El código de conducta no escrito de acaloramientos varios en un mundial es bastante laxo y da para mucho, por eso que ante un gol por la escuadra, una jugada comprometida o una eliminación imprevista mentemos a todo el árbol genealógico de los jugadores del país rival, no es motivo de escándalo y aunque lo hagamos a pleno pulmón acomodados en la barra del bar desde el que vemos el partido, no deja de ser un acto de comunicación más.

Como mucho, lo peor que nos puede ocurrir, si en dicho establecimiento se encuentran también los hinchas del equipo rival, es que nos llevemos algún comentario airado o alguna que otra mirada furibunda, pero, en general, en un entorno civilizado, prima la libertad de expresión, en este caso de sentimientos mitad patrios, mitad futboleros y no suele llegar la sangre al río.

La cosa cambia cuando el entorno en el que nos expresamos ya no es el local de copas, la casa de nuestros amigos o la pantalla de televisión colocada en plena calle y nos despachamos en los mismos términos a través de las redes y medios sociales, a cuyos usuarios les falta el tiempo para dar cobertura y magnificar nuestros “buenos deseos” para con el país rival y hacer que nuestro mero acto de comunicación y expresión corra como la pólvora, mucho más rápido que los pies de ese delantero o defensa que tanto odiamos.

Si, además, somos un “influencer”, con tantos mil seguidores o una entidad, nuestras meteduras de pata en las redes sociales se verán amplificadas y su importancia se incrementará exponencialmente de manera inversamente proporcional al modo en que disminuye nuestra reputación online.

Twitter está lleno estos días de empresas que siempre se han conducido de manera ejemplar en el proceloso mar 2.0 y que gracias a un comentario inapropiado han visto peligrar su programa de fidelización de clientes que con tanto trabajo habían logrado poner en marcha.

Por no decir de los muchos famosos que entonan el mea culpa tras haber proferido alguna ofensa en clave futbolística, porque futbolística o no, una ofensa es una ofensa y en las redes sociales todo queda reflejado de manera instantánea y perdurable. Y es lo que tiene ser seguido por miles de fans, que igual que te adoran, te pueden llegar a odiar si no mides bien tus 140 caracteres.

¿Y cuál es la moraleja de este cuento? Forjar la reputación online cuesta sudores y lágrimas y es muy fácil acabar con ella por una metedura de pata, por banal que nos pueda parecer, igual de fácil que puede llegar a ser, el que el equipo contrario le dé la vuelta al partido en cuestión de segundos y acabe con nuestros sueños. Así que, no dejemos que nuestro fervor nos cuele un gol en propia puerta.

Por Ana Pereira,  Consultora sénior de Estudio de Comunicación España.

@anabepereira

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