¡Ojo con dejar botes de pintura delante de un cuadro! o cómo no comunicar

Una de las normas básicas en la comunicación que vale para empresas, políticos e incluso para como hablamos con nuestros hijos es la importancia de comunicar desde el punto de vista del receptor y para muestra un botón:

Hace varios días llegó a ser de actualidad en España la remota noticia de que, en un museo de Seúl, una pareja de turistas había pintado, a todas luces por error, sobre un cuadro expresionista valorado en medio millón de dólares.

En los tiempos que corren desafortunadamente los actos vandálicos no son una excepción y tales ya han dejado de ser noticia, por eso llama si cabe, aún más la atención, que un acto que podría ser calificado de vandálico como pintarrajear en un cuadro, se produzca de manera inocente y por error.

Tal excepcionalidad ha permitido que la historia se colara en los informativos, aunque poco sepamos del autor de la obra, ni fueran famosos o españoles, ni ninguna de las dos, los causantes del estropicio artístico.

Las imágenes que acreditan tal gesta y que grabadas por las cámaras de seguridad han trascendido como documento gráfico de la falta de mala intención por parte de la pareja, reflejan a dos turistas pintando embelesados en lo que creían se trataba de una pieza artística de carácter colaborativo, al haber dejado el autor botes de pintura y brochas colocados delante de la obra expuesta.

¿Fueron demasiado proactivos los infractores involuntarios que, al ver los botes dieron rienda suelta a su creatividad? ¿Fue el museo demasiado confiado al no colocar un cartel de “prohibido ponerse a pintar sobre este cuadro con los botes de pintura y brochas, que hay en el suelo justamente delante de la obra”? ¿Debería el artista haber dejado allí dichos botes de colores y brochas sin más?

En defensa de este último debo decir que, probablemente si la obra hubiera sido una ruleta rusa, y como elemento de la misma hubiera figurado un altar al pie de la susodicha con un revolver y unas balas, aunque fueran de fogueo, nuestra pareja se hubiera cuidado muy mucho de usarlas para emular un turno de ruleta rusa y hacerse un selfie.

Lejos de querer buscar un culpable en este asunto el ejemplo me viene a las mil maravillas para demostrar lo importante que es en comunicación y parece ser que también desde ahora, en los museos de arte coreanos, lo importante que es comunicar desde el punto de vista de nuestro receptor para que no haya malos entendidos y que nuestro mensaje llegue de manera clara, directa y sin interferencias.

En el caso que nos ocupa hubiera bastado con que el cartel de “no tocar”, que el museo colocó a posteriori hubiera figurado desde un principio y el receptor de la historia, la pareja protagonista, lo hubiera visto y a juzgar por como se han comportado, con toda seguridad lo hubieran respetado.

 

Por Ana Pereira, Directora en Estudio de Comunicación.

@anabepereira

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