Desconexión digital versus digitalización al cuadrado

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Uno de los asuntos protagonistas en el debate público de los últimos meses ha sido la evolución tecnológica y la transformación digital de las empresas. Existe un consenso claro de que la digitalización es una rueda imparable y de que ninguna entidad ni profesional puede abstenerse de dar ese salto cada vez más vertiginoso, rápido y repleto de oportunidades.

En la vertiente contraria, hemos encontrado otro concepto nuevo: el de la “desconexión digital”. Y todavía un paso más allá en este sentido: el del “derecho a la desconexión digital”. La aprobación, con un amplísimo apoyo parlamentario, de la nueva “Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales”  reconoce legalmente, entre otras cuestiones y por primera vez en España, el derecho de los trabajadores a la desconexión.

El objetivo de esta norma es doble: por un lado, proteger la salud de los empleados porque pretende garantizar su “tiempo de descanso, permisos y vacaciones”. Por otro,  proteger su “intimidad personal y familiar”.  La ley prevé que sea el empleador el que elabore una política interna en la que se concrete cómo se desarrollará en cada empresa este derecho. Asimismo, le obliga a llevar a cabo acciones formativas y de sensibilización sobre el uso razonable de las herramientas tecnológicas. Algunas grandes compañías, como es el caso del Banco Santander, se adelantaron y ya aprobaron en junio la desconexión digital fuera del horario laboral de su plantilla.

Como profesionales de la comunicación nos encontramos plenamente inmersos en esta “tormenta perfecta”. Debemos aprender a manejarnos en un mundo global hiperconectado e hipertecnologizado. Es más, como expertos en canales y mensajes, debemos ser capaces de orientar a nuestros clientes en sus estrategias de comunicación en este ámbito. Además, nos corresponde atender y dar salida a estas cuestiones 24 horas al día, siete días a  la semana: va en nuestra profesión.

Sin embargo, es cierto que todas las tecnologías deben tener un límite. Las usamos los seres humanos y, como tal, tenemos unas necesidades que debemos respetar. La desconexión es un “barbecho” fundamental que impulsa después las mejores ideas y los trabajos de mayor finura y calidad. Paradójicamente, la sociedad evoluciona en ambos sentidos. En este caso, y es positivo que así sea, los extremos se tocan.

Por Cecilia Díaz, consultora senior de Estudio de Comunicación España

@Ceciliadiazmart

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