Todos somos Del Bosque, todos somos dircom

DelBosque

Me cuenta un compañero que su madre no ha visto un partido de fútbol en su vida; es más, no cree que haya visto un minuto seguido de fútbol en toda su vida. Sin embargo, contagiada por la emoción de este Mundial histórico, el domingo de la final le llamó por teléfono un par de horas antes del encuentro y le confesó que esperaba que jugara Pedrito, porque Torres no estaba en forma. Y es que hay asuntos sobre los que todo el mundo opina: el fútbol, la política y la Comunicación.

Todos hemos sucumbido a la tentación de ponernos en el papel de Vicente del Bosque. Aplaudimos sus decisiones cuando las consideramos acertadas y las criticamos cuando el resultado le quita la razón. Cuando Suiza resquebrajó nuestras ilusiones el 16 de junio, gran parte de la opinión pública parecía poder explicar las razones de la derrota: que si Casillas estaba pensando en Sara Carbonero y no en el endiablado balón, que si Villa tenía la cabeza en los millones que iba a ganar en el Barça, que si Torres no estaba en forma… Y, por encima de todo, emergieron las críticas contra el entrenador y contra las decisiones que tomó o dejó de tomar.

En el ámbito de la empresa hay también una cuestión con opinadores de todo tipo: la comunicación. Es algo extraordinario, porque no ocurre en otros asuntos. El director financiero expone los resultados trimestrales y el responsable del departamento jurídico detalla las implicaciones legales de un asunto sin que las demás áreas de trabajo presenten sus propias propuestas alternativas. El director de comunicación, sin embargo, suele ver cómo en las reuniones cualquiera afirma que es el momento más apropiado para conceder una entrevista en determinado periódico o que la compañía debería convocar una rueda de prensa.

Y cuanto más importante es el contexto para una empresa, más parecen querer imponerse las opiniones del seleccionador nacional de comunicación que todos llevamos dentro. Ante una operación corporativa importante, por ejemplo una salida a Bolsa, suelen convocarse reuniones de la alta dirección y de los asesores en la operación para tratar, entre otros asuntos, la estrategia de comunicación. Nadie le dice, al menos yo no, a los asesores financieros cuál debería ser el precio de la acción en el comienzo de la cotización o qué porcentaje del accionariado debería cotizar en el mercado continuo. Pero lo habitual es que tanto los bancos asesores como los despachos de abogados sí traten de diseñar la comunicación. Y mucho más recurrente todavía es el hecho de manifestar todo tipo de críticas hacia el departamento de Comunicación o hacia la consultora de comunicación de turno por las informaciones aparecidas en prensa que no sean un fiel reflejo de lo que los abogados o los analistas financieros desearían.

Es muy humano que queramos opinar sobre fútbol, que queramos ser Del Bosque, y que tratemos de ser el director de comunicación de nuestra compañía aunque uno no tenga ni la experiencia ni los conocimientos para ello. Parece tan fácil criticar un titular que destaque los riesgos que afronta nuestra empresa como atacar la falta de gol de España en la primera fase del Mundial. Parece tan lógico ver una buena información publicada en la prensa como observar a Xavi y a Iniesta mareando al contrario en el centro del campo. Parece tan natural que un diario quiera entrevistar a nuestro presidente como que Villa sea el pichichi del Mundial. Y, sin embargo, sin una buena gestión de la comunicación, la imagen de la compañía puede verse seriamente afectada; de la misma manera que sin una buena táctica, Alemania podría habernos barrido del mapa como hizo con Inglaterra y con Argentina, u Holanda podría habernos quitado la ilusión, como se la quitó a Brasil. La opinión es libre y la diversidad de opiniones, muy sana, pero igualmente saludable es dejar trabajar a los expertos en sus correspondientes ámbitos de actuación. Si se cuenta con un buen equipo y un buen entrenador será mucho más fácil ganar los partidos. Del Bosque ha demostrado conocer muy bien su trabajo y es que normalmente los entrenadores son los mejor preparados para desarrollar las tácticas de un equipo de fútbol, como los dircom y los expertos en comunicación corporativa son los que deben diseñar y ejecutar los planes de comunicación.

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