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Clientes y trabajadores, unidos por la experiencia de empleado

Hemos leído informes, asistido a ponencias y comprobado en nuestras propias empresas que mantener un buen ambiente de trabajo y unos empleados que se sientan a gusto en el desarrollo de sus funciones son acciones que impactan de manera directa en la productividad. Aquellas compañías que cuidan de sus trabajadores observan una mayor eficiencia en el trabajo; un mayor compromiso con las tareas realizadas y menores índices de absentismo laboral. Según un estudio realizado por la consultora Fellowes entre más de 6.000 trabajadores de España, Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos y Polonia, el 93% de los encuestados afirman que, trabajar en un entorno saludable, puede aumentar su propia productividad en un 25%.

A la vista está que un buen clima laboral tiene evidentes impactos en la productividad de las empresas pero debemos ser muy conscientes de que éste no es el único aspecto de nuestro negocio que puede verse beneficiado por la satisfacción de los trabajadores. El estado de ánimo de los empleados tiene un impacto más allá de su tarea, hacia el exterior y en la manera en que los potenciales clientes perciben nuestra marca.

Si lo llevamos a la práctica, podemos encontrarnos en una situación en la que un empleado queda durante el fin de semana a comer con un grupo de amigos que le preguntan por su trabajo. Si en ese momento, nuestro trabajador se encuentra en un entorno laboral negativo o no se siente alineado con los objetivos de la compañía es muy probable que exprese su descontento. Y es aquí donde nuestra experiencia de empleado se vincula con la experiencia de cliente porque cualquiera de las personas que conversan con nuestro trabajador puede ser un potencial contratador de servicios de nuestra empresa que, en este caso, optará por hacer negocios con otra compañía.

¿Cómo solucionar este problema?

Para revertir esta situación debemos escuchar y tener en cuenta los intereses y preocupaciones de nuestros trabajadores. A partir de este punto podremos identificar palancas en las que anclar nuestro discurso y alinearles con nuestras políticas corporativas.

Estas preocupaciones cambiarán con el tiempo. Por ello, conviene revisar de forma periódica nuestra estrategia y corregir el rumbo de nuestros mensajes, en función de las variaciones que encontremos en nuestra escucha. De esta manera, nos aseguraremos de tener unos empleados alineados, con una experiencia laboral positiva que, por ende, se trasladará a los potenciales clientes de nuestro negocio.

Por Laura Alonso, consultora de Estudio de Comunicación.

@LauraAlonso_es

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