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Comunicación líquida vs sólida

Nada es inamovible. En la actualidad las ideas fijas y permanentes han dejado de existir. O al menos se puede afirmar que están en constante revisión. Lo que hasta hace no ya décadas sino tan solo unos años era adecuado ahora puede estar en entredicho o, en el mejor de los casos, en estudio, y acabar siendo polémico.

Y es que este análisis permanente de los valores y dogmas afecta a los principios de las sociedades modernas que ven cómo estos evolucionan y se adaptan constantemente a los nuevos moldes políticos y sociales de forma cada vez más vertiginosa para construir nuevos relatos y narrativas.

La constatación de esto se encuentra a diario en las reacciones a modo de polémicas en las redes sociales por diferentes temas y asuntos que, no por nimios, cuentan con una notable, y en ocasiones, desagradable repercusión.

Y es que el término de Comunicación líquida, derivado del concepto de modernidad líquida, acuñado en los años 90 por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman en referencia a la volatilidad de los valores de la sociedad, ha resurgido con fuerza durante la pandemia.

Vivimos en un mundo de instantaneidad en el que predomina, por tanto, la incertidumbre y la inmediatez, ecosistema en el que, y nunca mejor dicho, se mueve como pez en el agua esta denominada Comunicación líquida.

Sin embargo, el hecho de que las empresas no sean capaces de gestionar con la adecuada solvencia los evidentes riesgos que entraña la Comunicación líquida, dado el alto grado de exposición que conlleva vía inmediatez, unido al hecho de tener que mantener el rigor y la veracidad, fruto de la transparencia y honradez en los mensajes, puede suponer un problema.

No en vano, las pymes, por su menor tamaño, pueden ser más ágiles a la hora de acometer una Comunicación líquida, dada su maniobrabilidad para afrontar la planificación y personalización de los mensajes frente a las grandes corporaciones.

En cualquier caso, no hay que perder de vista que comunicar desde el prisma que entraña la variante líquida es una tarea coral en las organizaciones, independientemente de su número de empleados, y que además ocurre todo el tiempo. Por tanto, en esta nueva realidad los canales se multiplican y las organizaciones se hacen más permeables. En este contexto, hay compañías más flexibles que se adaptan al ambiente líquido y otras cuyas estructuras están todavía ancladas en un mundo más sólido.

Fernando Geijo, Asociado en Estudio de Comunicación España
@fergeijo

 

 

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