Pena digital (El Confidencial)
No es tan tonta la caja como la pintan ni tan inocua. Quien aparece en TV esposado, quien asoma por su pequeña pantalla a la puerta de un juzgado o de una audiencia deja de ser presunto. Su imagen queda para los telediarios, informativos de cualquier formato y aun para los programas de vísceras y casquería, perdón, quería decir del «espíritu rosa», definitivamente presa, firmemente condenada, pase lo que pase en los tribunales. Es el escarnio televisivo, la venganza en la moderna plaza pública, inevitable e irreversible, es la pena digital. En esta materia, la presunción de inocencia todavía no está ni siquiera en fase analógica. Ejemplos en este país y en otros muchos, a centenares.
Parece que ahora cae alguien en la cuenta de una realidad que lleva mucho tiempo siendo, tristemente, cotidiana. Debe ser por que los recientes arrestados vistos con esposas en televisión son políticos en su gran mayoría. ¡Nada menos que políticos! Denigrante, dicen los más; ejemplarizante, algún vocalista aficionado a dar la nota.

Hace unos meses comía con un colega que había decidido darle un giro a su carrera profesional. Abandonaba la labor periodística en Medios para embarcarse en otro apasionante proyecto. Mi amigo iba a convertirse en el altavoz y los oídos de su empresa en la Red. Le acababan de fichar como Community Manager de una gran compañía.